Por Martín Sobrino Gómez (El español que se habla en Yucatán y otras anécdotas)

Al igual que con el origen de su linaje, el significado del apellido Pech parece ser uno de los menos transparentes entre los patronímicos mayas de la Península de Yucatán. En general, suele decirse que este apellido significa ‘garrapata’; sin embargo, parece haber evidencia suficiente para descartar esa hipótesis. En primer lugar, pronunciado correctamente en maya, el apellido lleva una vocal breve [pech] en tanto que la palabra para ‘garrapata’ es con vocal larga y tono bajo [pèech]. En segundo lugar, una garrapata no parece ser el tipo de animal con el que se relacionaban los linajes, no parece tener características positivas que puedan ser análogas con las de un gobernante. Datos del maya yucateco colonial parecen comprobar esto pues encontramos que la palabra PECHKAB /pèech-k’ab’/tiene los significados de ‘hombre parapoco, perezoso, manos de garrapata’, como en la expresión pechil kabech /pèechil k’abech/ ‘eres perezoso (lit. ‘tienes/eres manos de garrapata’)’.

Como se dijo en notas anteriores, se ha propuesto que el origen de los Pech podría encontrarse en Tabasco, aunque hasta el momento no existe evidencia contundente para determinar que efectivamente los Pech provenían de esa zona. Si contemplamos esta hipótesis, que los Pech venían de una zona de habla cholana (probablemente de una variedad de chontal), es posible que las lenguas de la rama cholano-tzeltalana pudieran darnos una pista sobre el significado de este apellido. Antes de abordarlas, sólo debemos recordar que, dentro de la familia lingüística maya, el maya yucateco, el lacandón, el itzaj y el mopán pertenecen a la rama yucatecana, mientras que las lenguas chol, chontal, ch’orti’ y choltí forman el grupo cholano que, a su vez, junto con el tzeltal y el tzotzil (grupo tzeltalano) conforman la rama cholano-tzeltalana. Las lenguas de estas dos ramas se ubican en una zona de difusión lingüística por lo que hay mucho de su léxico que sólo se comparte entre ellas.

Cairina moschata sylvestris, especie originaria de América tropical (Fuente: Wikimedia Commons, agradecemos la orientación de la bióloga Sandra José Ramírez sobre las aves de Tabasco).

Empecemos con la lengua chol. El primer candidato a ser considerado es la palabra PECH, que en esa lengua significa ‘pato’. Este parece ser el significado específico y a partir de él se construyen otros significados en el que la palabra pech parece funcionar como genérico, así, por ejemplo, encontramos, xcanso pech ‘ganso’ y ja’al pech ‘garza’. Como vemos en el primer caso, aunque claramente se tiene un préstamo directo del español, aparentemente se usa la forma pech para indicar que se trata de un “tipo de pato”. En el segundo caso, la forma ja’al, que en este contexto significa ‘algo relativo al agua’ (ja’-al), en combinación con pech hace referencia a la garza, y literalmente este nombre dice ‘pato de agua’ Tomando en cuenta que también encontramos el nombre ja’al ts’i’ (lit. ‘perro de agua’) para la nutria, es probable que ja’al pech como nombre de la garza se trate de algún neologismo pues otro nombre que se encuentra en chol para la garza es jojmay. En resumen, la forma PECH en chol, como sustantivo, significa ‘pato’. En la lengua chontal parece haberse perdido la palabra para ‘pato’ pues ahora se dice patu’, un claro préstamo del español. También se encuentra en chontal PECH como ‘racimo’ y PECH como ‘abanico’, palabras que no parecen tener relación entre ellas (son solamente homónimos), ni con PECH ‘pato’ del chol. En el choltí no parece haberse registrado una palabra para ‘pato’, y en ch’orti’ tampoco se conserva una forma nativa pues se tiene el préstamo patux.

No obstante, en tzeltal, que como dijimos es más cercana a las lenguas cholanas que a las yucatecanas, sí se encuentra PECH como ‘pato’. Por su parte, en tzotzil encontramos PECH’ ‘pato’ con la /ch’/ glotalizada, lo que parece ser una innovación propia de este idioma. Por todo lo anterior, es posible postular una forma *pech ‘pato’ para la lengua antigua de la que se derivan las lenguas cholanas y las tzeltalanas.

Ahora bien, excepto por el cholti’ y el ch’orti’, encontramos en las lenguas de esta rama la forma PECH como una raíz verbal que significa ‘aplanar’, y de la cual pueden derivarse adjetivos y otros verbos con significados relacionados, por ejemplo, en chol encontramos el verbo pechten ‘aplanar’ de cuya raíz se deriva pechan ‘hacer tortillas’ y pechel ‘plano’. En chontal, del verbo pechtan ‘aplanar’ se deriva peche ‘aplanado’. Asimismo, en tzeltal encontramos el adjetivo pejchel ‘aplanado’ (formado con un infijo {-j-} en la raíz, además del sufijo -Vl) y el clasificador numeral −pejch que funciona para contar cosas planas. Se trae esta raíz verbal a colación porque es probable que el nombre del pato se derive de ella; así, en chol tenemos la referencia: pechel i ni’ jini pech ‘el pico del pato es plano’, lo que nos hace pensar que es posible que la forma del pico del pato (plano) sea la característica por la que se le relacionó con la raíz PECH. De hecho, esa raíz la encontramos en mopán (lengua más cercana al maya yucateco pero que tuvo mucho contacto con los cholanos), en esa lengua el nombre del pato es pechek ok que literalmente significa ‘pie plano’, es decir, en este caso la forma de los pies fue la característica por la que se le relacionó con la raíz PECH. Probablemente dicha asociación no se hizo en cada lengua por separado sino en algún estadio anterior a ellas.

En tzotzil encontramos igualmente una raíz verbal PECH, pero, a diferencia de las otras lenguas, no significa ‘aplanar’, como se aprecia en la siguiente definición: “mantener el objeto plano boca arriba en una o ambas manos, retener el recipiente (canasta, jícara, tazón) ancho boca arriba en una o ambas manos”. De esta raíz verbal se deriva el adjetivo pechel que significa ‘asentado’ o, en su defecto, ‘servida’ cuando se trata de comida. Otro término derivado de esta raíz es Jpechanej ve’elil (donde ve’elil es ‘comida’) y se refiere al “funcionario religioso /la mujer que ayuda a cada alférez y cada autoridad de las tradiciones al ofrecer la comida”. Como vemos, la raíz PECH en esta lengua tiene en su significado un carácter religioso y está ligado a la ofrenda de comida. Si bien esta palabra con este sentido no parece encontrarse en las otras lenguas de la rama (bien pudieron haberla perdido), esta raíz también es una posible candidata para ser relacionada con el apellido Pech.

REFERENCIAS

  • Arzápalo Marín, Ramón (Ed.) Calepino de Motul, Tomo III, Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1995
  • Aulie, H Wilbur & Aulie, Evelyn W. de. 1978. Diccionario chol de Tumbalá, Chipas, con variaciones dialectales de Tila y Sabanilla. México: Instituto Lingüístico de Verano / Secretaría de Educación Pública.
  • Boot, Eric. 2004. Vocabulary in the Ch’oltí’ language. Documento electrónico
    Haviland, John. 1981. Sk’op Sotz’lem. El tzotzil de San Lorenzo Zinacantán. México: Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Filológicas. Centro de Estudios Mayas.
  • Hull, Kerry. 2005. An Abbreviated Dictionary of Ch’orti’ Maya. Fundación para el Avance de los Estudios Mesoamericanos. Recuperado en: http://www.famsi.org/reports/03031/03031.pdf
  • Hull, Kerry. 2006. Un diccionario de Ch’orti’ Maya, Guatemala. Fundación para el Avance de los Estudios Mesoamericanos. Recuperado en: http://www.famsi.org/reports/03031es/
  • Kaufman, Terrence. 1974. Idiomas de Mesoamérica. Guatemala: Editorial José de Pineda Ibarra / Ministerio de Educación.
  • Kaufman, Terrence. 2003. Diccionario etimológico maya preliminar. Fundación para el Avance de los Estudios Mesoamericanos. Recuperado en http://www.famsi.org/reports/01051/pmed.pdf
  • Knowles, Susan Marie. 1984. “A Descriptive Grammar of Chontal Maya (San Carlos Dialect)”. PhD dissertation, Tulane University.
  • Laughlin, Robert M. 2007. Mol cholobil k’op ta sotz’leb. El gran diccionario tzotzil de San Lorenzo Zinacantán. México: CIESAS / CONACULTA.
  • Slocum, Mariana C., Gerdel, Florencia L. & Cruz Aguilar, Manuel. 1999. Diccionario Tzeltal de Bachajón, Chiapas. México: Instituto Lingüístico de Verano.
  • Schumann Gálvez, Otto. 2012. Introducción al chontal de Tabasco. México: Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Antropológicas.

Uno de los eventos que causó mayor revuelo durante la epidemia de fiebre amarilla que azotó a la Península de Yucatán en 1648, fue la procesión de la virgen de Izamal, desde su santuario hasta la capital de la provincia ¿Que llevó a autoridades civiles y religiosas de la entonces provincia de Yucatán a tomar tal decisión?

Parte de la respuesta se encuentra en las nociones que se tenían en la época sobre el origen y el desarrollo de las enfermedades, mismas que eran vistas como un castigo divino a un pueblo pecador, como bien lo refiere uno de los observadores contemporáneos de la “peste”, el cronista franciscano Diego López Cogolludo. Para López Cogolludo era bastante evidente que la “peste” era un castigo a la “idolatría” de los mayas. Aunque la sociedad colonial de Yucatán compartía esta noción de las enfermedades como castigo divino, los sectores sociales interpretaban de manera diferenciada a qué pecadores se atribuía la ira divina. Los mayas decían que la “peste” era un castigo por los maltratos que recibían por parte de los españoles; el hecho de que la enfermedad atacara primero a los funcionarios reales de la provincia llevó a un maya a recorrer los pueblos acompañado de una figura hecha de paja profetizando que sólo quedarían indígenas en Yucatán.

Virgen de Izamal (Fuente:Wikimedia Commons)

En agosto de 1648, el cabildo de Mérida pidió permiso al provincial franciscano en Izamal para sacar a la virgen en procesión con rumbo a la capital. Con esto, se esperaba que la virgen desplegara sus poderes de intercesión para aplacar la ira de Dios, idea que también alimentaba los temores de los mayas de Izamal, lugar a dónde no había llegado la enfermedad: sin la presencia de la virgen quedarían sin protección divina y a merced del castigo celestial. Una vez en la capital el cabildo civil y eclesiástico de Mérida reconoció a la Virgen de Izamal como “patrona contra la peste contagiosa” de la provincia de Yucatán. 

Los eventos donde se congregaron muchedumbres, suscitados por la procesión a Mérida que duró diecisiete días, contribuyeron a la expansión de la epidemia. Peregrinos de la Costa acudieron a la catedral a visitar a la virgen llevando consigo la fiebre amarilla una vez que regresaron a sus pueblos. También muchos indígenas que acompañaron a la virgen a la capital de la provincia contrajeron la enfermedad y murieron al regresar a Izamal. Estos eventos corroboran el impacto que las procesiones religiosas tienen en la transmisión de las enfermedades.

Los eventos de hoy en día ponen en evidencia que continúa vigente la idea de que los pecados de los “otros” son el origen de las enfermedades, como dejaron ver en México sacerdotes católicos y pastores evangélicos quienes responsabilizaron a la diversidad sexual y a la exigencia del derecho al aborto de la pandemia de COVID19.

 

REFERENCIAS:

  • Pascascio Guillén, Bertha. “Mamá linda”: reina y patrona de Yucatán. La virgen de Izamal, análisis histórico de una imagen de culto. Tesis de maestría en historia del arte, UNAM, 2013.
  • Pérez Amezquita, Wendy. “Otra ciudad de Nínive: epidemias y hambrunas en Yucatán, 1648-1716. Tesis de maestría en historia, CIESAS, 2016.

Gaspar Con motivo del “Día del Historiador” recordamos a Gaspar Antonio Chi, intérprete maya yucateco de la época colonial y miembro del linaje Xiú, uno de los más importantes en el Mayab de la época posclásica.

Gaspar Antonio era hijo de Ah Kulel Chi, aj k’iin (sacerdote) que formaba parte de la élite gobernante del kuchkabal (jurisdicción) de Maní y quien formó parte de la embajada que visitó en Campeche a las huestes de Francisco de Montejo y sus aliados en 1541. En diversas ocasiones, Gaspar Antonio uso también el apellido Herrera debido a que fue Beatriz Herrera su madrina de bautizo en una fecha cercana a 1546. Joan de Estrada, uno de los indígenas no mayas aliado de las huestes hispanas, figura como su padrino.

Desde temprana edad, Gaspar Antonio aprendió con los frailes franciscanos a leer y escribir en maya, español, latín y náhuatl. Para 1550 se había convertido en uno de los intérpretes preferidos de los religiosos y en 1552 ya trabajaba como intérprete general en los juzgados coloniales. En 1562, en tiempos del Auto de Fé de Maní, se desempeñaba como notario del controvertido Diego de Landa.

En la imagen se representa el linaje Xiú y su origen en el mítico Hun Uitzil Chac combinando convenciones gráficas indígenas y europeas [Fuente: https://journals.openedition.org/jsa/15433?lang=en]

Chi fue uno de los informantes más importantes de lo que se conocería posteriormente como Relaciones Histórico Geográficas de la Gubernatura de Yucatán, un cuestionario que sirvió para dar cuenta de la historia y geografía de la región. El intérprete participó en ocho de estas relaciones; la información recabada le sirvió posteriormente para escribir la “Relación de algunas costumbres de los indios de… Yucatán”, manuscrito elaborado a petición del gobernador de Yucatán Guillén de las Casas, concluido en 1582.

Mientras ocupaba el puesto de organista y profesor en una escuela de Tizimín tuvo como su alumno a Pedro Sánchez de Aguilar, religioso y cronista yucateco, quien escribiría posteriormente el Informe contra idolorum cultores del Obispado de Yucatán. Durante la última etapa de su vida, Gaspar Antonio fue azotado por una enfermedad en la pierna que le impedía montar a caballo y que hacía que pasara mucho tiempo en su casa, desatendiendo sus obligaciones en los juzgados como intérprete. Sabemos que en 1583 Gaspar Antonio Chi vivía en San Cristóbal y Santiago, pueblos extramuros de la ciudad, junto con su esposa y una de sus hijas. No se sabe la fecha de su muerte, aunque debió haber sido después de 1599 cuando se atestiguan los últimos documentos con su firma. Alfredo Tozzer propuso que murió cerca de 1610.

REFERENCIAS:

  • Blom, Frans. “Gaspar Antonio Chi. Interpreter”, American Anthropologist 2 (30), 1928.
  • Hillerkuss, Thomas. “Los méritos y servicios de un maya yucateco principal del siglo XVI y la historia de sus probanzas y mercedes”, Estudios de Historia Novohispana 13 (13), 1993.
  • Strecker, Mathias y Artieda, Jorge. “La relación de algunas costumbres (1582) de Gaspar Antonio Chi”, Estudios de Historia Novohispana 6 (6), 1978.

 

La historia de Manuel Antonio Ay como “protomártir” de la Revolución Maya, según reza el monumento que el escultor mexicano Enrique Gottdiener elaboró en 1975 y que se encuentra colocado en el parque central de Chichimilá es bastante conocida. La ejecución de Ay en la plaza del Barrio de Santa Ana, en Valladolid fue uno de los eventos que desencadenó lo que sería conocida después como la “Guerra de Castas”. No obstante, es menos conocido el pasado de Ay como batab y como miliciano organizador de los contingentes de mayas orientales que participaron en la Guerra contra México y en los pronunciamientos que sacudieron la política peninsular después de 1843. Para cuando Ay llegó a ser cacique de su pueblo natal, Chichimilá, los puestos de las repúblicas de indios y su prestigio habían sido ya debilitados por la legislación republicana del México independiente. Los cabildos indígenas se encontraban subordinados a las autoridades municipales y al gobierno estatal con funciones bastante reducidas a la recaudación fiscal y control de la población maya. Aunque la existencia de las repúblicas de indios atentaba contra la ideología liberal del ciudadano individual al representar el interés de una corporación, el gobierno yucateco decretó su restablecimiento en julio de 1824 para tener una control más efectivo de la población maya: no sólo en el tema de la recaudación de impuestos sino también en el de la organización del trabajo indígena que incluía fajinas para la comunidad y frecuentemente trabajo forzado para los establecimientos agrícolas de los “vecinos” de los pueblos. Para los puestos de oficiales de república debía de elegirse preferentemente a aquellos que supieran el idioma castellano y que tuvieran un oficio agrícola o industrial. Cuando Manuel Antonio Ay fue procesado en 1847 tenía 28 años, señaló que sabía leer y escribir en lengua maya, era de oficio labrador y entendía algo de la lengua castellana.  

 

En el oriente de la Península, el pronunciamiento de Santiago Imán trastocó las alianzas políticas y dio una fuerza muy particular a los mayas y sus caciques. Tras sus intentos fallidos de 1837 Imán negoció con los mayas orientales para ganarse su apoyo y consolidar su base popular en el oriente, el caudillo se comprometía a abolir las contribuciones personales a cambio de la ayuda logística y militar de los indígenas. El tizimileño triunfó enarbolando la bandera del federalismo, en febrero de 1840 hizo su entrada triunfal a Valladolid después de un breve combate acompañado de mayas armados que causaron sorpresa y temor entre los vecinos de Valladolid. Posteriormente liberó a varios presos de la cárcel local, entre ellos a Manuel Antonio Ay.

 

Al estallar la guerra contra México, los mayas orientales mantuvieron su alianza con Imán y sus lugartenientes Pastor Gamboa y José María Vergara cuando las tropas mexicanas arribaron a Campeche en 1842. Muchos mayas participaron como milicianos en los combates en el occidente de la Península a cambio de la promesa de que una vez terminado el conflicto la contribución personal sería eliminada. Otros mayas orientales también participarían reuniendo fusiles o dinero para la compra de pólvora y plomo o bien, participaron como Manuel Antonio Ay como arrieros y escoltas trasladando maíz y otros víveres a las fuerzas militares yucatecas.

 

Una vez terminado el conflicto en 1843, Ay no dejó de participar en los motines y asonadas que azotaban el oriente de Yucatán. En 1846 participó en el combate de Temax y posteriormente participó también en los eventos del barrio de Sisal en Valladolid ya con un rango militar. El cacique de Chichimilá, que ya era sargento segundo, formaba parte de los mayas aliados a Juan Vázquez, juez de paz de Tihosuco.

 

En julio de 1847 Ay fue arrestado y procesado presuntamente por tramar un levantamiento en contra del gobierno. Las declaraciones son contradictorias, algunos señalaban que Ay tramaba un alzamiento contra los blancos en tanto otros aseguraron que planeaba una nueva asonada con oficiales mestizos y caciques mayas para abolir la contribución. Después de un proceso sumario un tribunal militar encontró culpable a Ay. Según la sentencia firmada por Eulogio Rosado, comandante militar de Valladolid, el cacique oriental fue condenado a morir ante un pelotón de fusilamiento debido a “ser uno de los cabecillas de la insurrección de la clase indígena contra las presentes instituciones”. Después de recibir los auxilios espirituales Ay fue conducido a las cinco de la tarde del 26 de julio de 1847, acompañado por el clero y una escolta armada, a la plaza de la ermita de Santa Ana donde a la vista de todos fue fusilado. Posteriormente su cuerpo fue conducido a su pueblo natal donde recibió sepultura.

 

Como sucede con otros jefes mayas de la época no ha sobrevivido ningún registro de cómo era físicamente Manuel Antonio Ay. La escultura de Gottdiener que se encuentra en Chichimilá y la ilustración que se encuentra en el Museo Maya Santa Cruz Xbáalam Naj en Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo son construcciones posteriores que honran la memoria de un cacique maya condenado por un sistema judicial racista en donde se esperaba que su ejecución fuera un ejemplo para otros mayas ante lo que los oficiales criollos interpretaban como el inicio de una “guerra de castas”.

 

REFERENCIAS

  • Asociación Cívica Yucatán. De la Guerra de Castas. Causa a Manuel Antonio Ay, el primer indio maya rebelde fusilado en Valladolid el 30 de julio de 1847. México: Imprenta Futura, 1956.
  • Peraza Herrera, Angela. “Un escándalo en el orden liberal. La restitución de las repúblicas indígenas en Yucatán, 1841-1868”. CIESAS, Tesis de maestría en historia, 2009.
  • Rugeley, Terry. Rebellion Now And Forever. Maya, Hispanics, and Caste War Violence in Yucatan, 1800-1880. Stanford, Stanford Univeristy Press, 2009.
  • Taracena, Arturo. De héroes olvidados. Santiago Imán, los huites y los antecedentes bélicos de la Guerra de Castas. México: UNAM, 2013.

Fotografía de la ilustración de Manuel Antonio Ay cortesía de @lagreciamaya