Para Alfredo y Gregorio, aj kanu’ulo’ob contemporáneos

Chilam Couoh fue un intérprete maya que a mediados del siglo XVI encabezó una rebelión en la que alguna vez fue la provincia de Chactemal. Entre otras cosas, reunió los códices jeroglíficos de la zona y creó una biblioteca para resguardarlos del fuego colonial.

Una de las primeras acciones de los frailes españoles para impulsar la conversión religiosa de los mayas al catolicismo fue formar maestros y mozos de escuela que pudieran colaborar con las tareas de la evangelización cristiana. Esta labor comenzó casi desde que los religiosos pusieron un pie en el Mayab y se implementó con mayor energía después de 1542, aunque las iglesias de los pueblos reducidos no se habían terminado de construir los franciscanos ya iban a las casas de los mayas principales para enseñarles la doctrina cristiana a sus hijos. Fue con los franciscanos establecidos en el noroeste de la Península con quienes Chilam Couoh, de quién desconocemos su origen, aprendió a leer y escribir con el alfabeto latino.

En la imágen se puede ver la representación más antigua de un chilam (deletreado chi-ji la-ma) en una corte real del clásico maya. Corresponde a la vasija K1728.

En la época prehispánica y durante parte de la época colonial los sacerdotes, profeta e intérpretes mayas eran sumamente respetados por el resto de la población: eran el vínculo con lo sagrado, vaticinaban los augurios, conocían las historias más antiguas y eran capaces de escribir y leer los caracteres de uno de los sistemas de escritura más complejos de Mesoamérica. Tomás López llegó a asegurar en una Relación en 1612 que estos sacerdotes eran considerados “la gente más religiosa, sabia y educada” de la región. El fraile Antonio de Ciudad Real escribió que los mayas de Yucatán eran reconocidos en toda la Nueva España por tres cosas, entre ellas que podían escribir sus “historias” y “ceremonias” con “caracteres” y “letras”. Escribir, leer e interpretar los libros mayas eran tarea casi exclusiva de chilames y ajk’ines, cargos que pasaban de una generación a otra cuando los padres enseñaban a sus hijos desde que eran niños.

A pesar de recibir la educación cristiana impartida por los religiosos, cuando los mayas regresaban a sus pueblos los caciques y principales les exigían que continuaran participando en los ritos y ceremonias de la religión maya tradicional. Al ser parte fundamental de estas actividades es entendible que buscaran preservar los códices jeroglíficos y todos los conocimientos allí escritos, bien de manera física o transcribiéndolos con el alfabeto latino.

Los códices mayas fueron objeto de persecución de las autoridades coloniales poco tiempo después de que los españoles se asentaran en el noroeste de la Península, a mediados del siglo XVI. El Auto de Fe de Maní de 1562, en donde fray Diego de Landa ordenó destruir códices y estatuillas de las deidades mayas, fue sólo el inicio de una persecución implacable para acabar con los libros jeroglíficos, vistos con recelo y hostilidad por los frailes ya que en ellos se resguardaban los detalles de la religión tradicional indígena. Es así como a finales de 1567, Chilam Couoh renunciando a la formación que recibió con los franciscanos, comenzó a reunir códices mayas jeroglíficos y conformó una biblioteca. La existencia de estos repositorios no era extraña en la región. Mayapán, la última gran capital maya de las Tierras Bajas del Norte, llegó a convertirse en un lugar en donde se producían y distribuían códices que eran usados por los sacerdotes de otras ciudades. En Tixhualahtún, cerca de Saki’ (Valladolid), existía un lugar donde se resguardaban libros jeroglíficos “como en España es el [archivo] de Simancas” según el cronista franciscano Diego López de Cogolludo.

La labor de Chilam Couoh fortaleció la resistencia que los mayas de Chactemal habían plantado a los invasores hispanos desde su llegada a la zona, la cuál había sufrido la brutal violencia de la guerra de conquista durante la incursión de Melchor Pacheco y sus huestes apenas dos décadas antes, una incursión caracterizada por el cruel asesinato de mujeres, niños y ancianos para reducir a los mayas de la provincia a la servidumbre. El chilam y sus seguidores, la mayoría de ellos mayas que habían renunciado al cristianismo comenzaron a asaltar los pueblos de los alrededores de la villa de españoles de Bacalar. Usando los conocimientos adquiridos con los frailes, Chilam Couoh escribió diferentes cartas a otros jefes mayas para que también se alzaran en armas. Esto provocó que las autoridades coloniales organizaran una expedición militar en 1568. Casi un año después de recorrer los montes del sureste del Mayab plagados de lagunas y riachuelos, la expedición se encontró con un templo en dónde se resguardaban muchos de los códices que habían sido reunidos por Couoh y donde también se encontraban diferentes estatuillas. A la manera como unos años antes había hecho Diego de Landa, los expedicionarios españoles destruyeron las figurillas y quemaron los códices jeroglíficos en una gran hoguera. El chilam fue capturado por la expedición militar tres días después de este acto y aunque intentaron hacer que regresara de nuevo a la fe católica Couoh se mantuvo en la creencia que la escritura jeroglífica y la religión tradicional maya eran superiores a la escritura latina y a la religión cristiana.

Bajo el resguardo de las huestes hispanas el chilam fue enviado a Jo’ (Mérida) para ser enjuiciado por el entonces obispo de Yucatán, fray Francisco de Toral. No sabemos el destino que el intérprete tuvo posteriormente, pero sus acciones para proteger el legado milenario de los mayas resuenan hasta nuestros días. 

REFERENCIAS

  • Ciudad Ruiz, Andrés y Lacadena, Alfonso. “El Códice Tro-cortesiano de Madrid en el contexto de la tradición escrita maya” en Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala¸1998 (editado por J. P. Laporte y H. L. Escobedo), Guatemala: MNAE, 1999.
  • Cunill, Caroline, “La alfabetización de los mayas yucatecos y sus consecuencias sociales, 1545-1580”, Estudios de Cultura Maya 31 (2008).
  • Chuchiak, John F. “Writing as resistance: maya graphic pluralism and indigenous elite strategies for survival in Colonial Yucatan, 1550-1750”, Etnohistory 57:1 (2010).