Uno de los eventos que causó mayor revuelo durante la epidemia de fiebre amarilla que azotó a la Península de Yucatán en 1648, fue la procesión de la virgen de Izamal, desde su santuario hasta la capital de la provincia ¿Que llevó a autoridades civiles y religiosas de la entonces provincia de Yucatán a tomar tal decisión?

Parte de la respuesta se encuentra en las nociones que se tenían en la época sobre el origen y el desarrollo de las enfermedades, mismas que eran vistas como un castigo divino a un pueblo pecador, como bien lo refiere uno de los observadores contemporáneos de la “peste”, el cronista franciscano Diego López Cogolludo. Para López Cogolludo era bastante evidente que la “peste” era un castigo a la “idolatría” de los mayas. Aunque la sociedad colonial de Yucatán compartía esta noción de las enfermedades como castigo divino, los sectores sociales interpretaban de manera diferenciada a qué pecadores se atribuía la ira divina. Los mayas decían que la “peste” era un castigo por los maltratos que recibían por parte de los españoles; el hecho de que la enfermedad atacara primero a los funcionarios reales de la provincia llevó a un maya a recorrer los pueblos acompañado de una figura hecha de paja profetizando que sólo quedarían indígenas en Yucatán.

Virgen de Izamal (Fuente:Wikimedia Commons)

En agosto de 1648, el cabildo de Mérida pidió permiso al provincial franciscano en Izamal para sacar a la virgen en procesión con rumbo a la capital. Con esto, se esperaba que la virgen desplegara sus poderes de intercesión para aplacar la ira de Dios, idea que también alimentaba los temores de los mayas de Izamal, lugar a dónde no había llegado la enfermedad: sin la presencia de la virgen quedarían sin protección divina y a merced del castigo celestial. Una vez en la capital el cabildo civil y eclesiástico de Mérida reconoció a la Virgen de Izamal como “patrona contra la peste contagiosa” de la provincia de Yucatán. 

Los eventos donde se congregaron muchedumbres, suscitados por la procesión a Mérida que duró diecisiete días, contribuyeron a la expansión de la epidemia. Peregrinos de la Costa acudieron a la catedral a visitar a la virgen llevando consigo la fiebre amarilla una vez que regresaron a sus pueblos. También muchos indígenas que acompañaron a la virgen a la capital de la provincia contrajeron la enfermedad y murieron al regresar a Izamal. Estos eventos corroboran el impacto que las procesiones religiosas tienen en la transmisión de las enfermedades.

Los eventos de hoy en día ponen en evidencia que continúa vigente la idea de que los pecados de los “otros” son el origen de las enfermedades, como dejaron ver en México sacerdotes católicos y pastores evangélicos quienes responsabilizaron a la diversidad sexual y a la exigencia del derecho al aborto de la pandemia de COVID19.

 

REFERENCIAS:

  • Pascascio Guillén, Bertha. “Mamá linda”: reina y patrona de Yucatán. La virgen de Izamal, análisis histórico de una imagen de culto. Tesis de maestría en historia del arte, UNAM, 2013.
  • Pérez Amezquita, Wendy. “Otra ciudad de Nínive: epidemias y hambrunas en Yucatán, 1648-1716. Tesis de maestría en historia, CIESAS, 2016.