El alzamiento de los peones de Eknakán, 1911

El alzamiento de los peones de Eknakán, 1911

La hacienda Eknacán es conocida, sobre todo, por su iglesia de estilo gótico. Sin embargo, este edificio — al igual que el resto de las construcciones del conjunto — fue levantado por peones endeudados, sometidos durante décadas a una férrea disciplina impuesta por administradores, encargados y mayordomos. Apenas se conocen con detalle las formas de resistencia que estos trabajadores opusieron a la explotación. Una de las expresiones más dramáticas de ese descontento estalló en septiembre de 1911.

Con anterioridad ya existían registros que daban cuenta de las duras condiciones laborales en la hacienda. En 1871, José Julián y José Ramón Cel denunciaron ante las autoridades al mayordomo de la finca por haberlos azotado, así como al administrador Celestino Ruiz de Hoyos, por tolerar los castigos corporales. Los peones, adeudados y maltratados, buscaban abandonar la propiedad; sin embargo, al solicitar su salida, recibieron nuevos golpes. Tras la denuncia, tampoco obtuvieron una respuesta favorable y se vieron forzados a regresar al trabajo. Apenas un año antes, la hacienda había sido rematada, y en las páginas del Diario Oficial de Yucatán se consignaba la deuda de los peones como un mecanismo para transferirlos forzosamente al nuevo propietario: “Ambas fincas (Eknacán y Xkanchakan) tienen hermosos planteles de henequén, cría de ganado y caballar y competente dotación de sirvientes adeudados”.

A finales del siglo XIX, cuando la finca se consolidó como un complejo plenamente agroindustrial, la disciplina en Eknacán — y en otras haciendas de los alrededores de Acanceh— pareció endurecerse aún más. Todo ese malestar acumulado estalló en 1911, en plena efervescencia de la oposición política al régimen porfirista, que comenzaba a movilizar a campesinos y jornaleros. A partir de 1910, se multiplicaron las peticiones de los peones del noroeste de Yucatán para mejorar sus salarios. Con el paso de los meses, las protestas se fueron radicalizando. Los trabajadores de Eknacán solicitaron un aumento de sueldo, pero el mayordomo, fiel a la tradición disciplinaria henequenera, respondió con represión y nuevos castigos corporales.

Hartos de aquella situación, una noche de septiembre de 1911 estalló la conspiración. Más de veinte peones irrumpieron en el casco de la finca en busca del propietario, Audomaro Molina, quien, sin embargo, había huido poco antes. En su lugar, encontraron al mayordomo, a quien ajusticiaron. Desde Acanceh se envió un contingente policial, pero los peones lo rechazaron con firmeza. Solo la intervención de la guardia nacional logró restablecer cierta calma en la finca. La prensa dio entonces la voz de alarma, y comenzaron a circular rumores sobre posibles levantamientos en otras haciendas, rumores que no carecían de fundamento: en Homún, los peones de Kampepén, Chichi y Sihón se habían sumado a los rebeldes que ese mismo año intentaron tomar el palacio municipal.

Redacción K'ajlay

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