El Imperio español y el exterminio de los choles del Manché
Los choles del Manche fueron un pueblo maya que habitó las tierras bajas del sur, entre el Petén guatemalteco y el sur de Yucatán, y que para principios del siglo XVIII había dejado de existir como grupo diferenciado. El exterminio de este pueblo no fue producto de una guerra en el sentido convencional, sino resultado de la política colonial de reducción y conquista de los “indios infieles”.
A mediados del siglo XVII, la población estimada de los choles del Manche oscilaba entre 10.000 y 30.000 personas. Vivían de un sistema agroforestal que habían adaptado a su territorio durante siglos: huertos de cacao, achiote y vainilla que intercambiaban con los kekchíes de Verapaz y con otros grupos mayas. Eran horticultores especializados con redes comerciales que conectaban las tierras bajas mayas con el altiplano.
Para 1705, ese grupo humano estaba extinguido. Laura Caso Barrera señala que, para los choles y los lacandones, la conquista “resultó en una total aniquilación”. Los últimos sobrevivientes, después de décadas de asedio y epidemias, fueron trasladados a lugares que no tenían nada en común con su región de origen, y ese desplazamiento culminó en su exterminio.
La ofensiva de finales del siglo XVII
En 1692, Martín de Ursúa y Arizmendi, gobernador interino de Yucatán, propuso al rey construir un camino desde Mérida hacia el sur para “reducir” a las poblaciones nativas independientes —entre ellas, explícitamente, los Manche Chʼol—. En mayo de 1695 comenzó a reclutar cien hombres para la empresa que, según Grant Jones, tenía el objetivo de someter y reubicar a los mayas que aún vivían fuera del control colonial. Roque de Soberanis, gobernador de Mérida, acusó después a Ursúa de “haber sacrificado muchas vidas en una empresa mal lograda”.
Por el lado de Guatemala, Juan Díaz de Velasco encabezó una entrada en 1695 por Cahabón. El contingente era de 400 personas, incluidos 70 soldados con armas de fuego y 100 indios flecheros. Díaz de Velasco penetró en la “provincia de los choles” con instrucciones de reducir a los infieles, y su avance fue escoltado por misioneros dominicos que llevaban años intentando doblegar a los manchés mediante reducciones.
En 1699, ya con el grueso de la población manché diezmada o desplazada, el sargento mayor Miguel Rodríguez Camilo —castellano del Castillo de San Felipe del Golfo Dulce— organizó una nueva expedición a la “Montaña del Chol”. Reunió 83 personas, incluyendo guías choles forzados, para seguir el camino hacia el Mopán.
El traslado forzoso
Los choles del Manché fueron sacados de las tierras bajas, es decir, del entorno ecológico al que se habían adaptado durante siglos, y reasentados en zonas altas donde las enfermedades eran endémicas y donde no podían reproducir sus huertos de cacao. La Real Cédula de 1541 ya prohibía esos traslados por sus efectos letales, pero esta disposición fue sistemáticamente ignorada.
A partir de 1685, los españoles pusieron en marcha una política de deportación sistemática. Entre 1685 y 1700 se sucedieron seis expediciones para desplazar a la población chol Manché de su territorio ancestral. Los destinos fueron varios: Cahabón (Alta Verapaz), San Lucas Zalac, el Castillo San Felipe y San Antonio de las Bodegas, en las orillas del Lago Izabal; Santa Cruz de Belén de los Indios Choles, al sur de Rabinal, en las tierras altas de la actual Baja Verapaz.
Allí, lejos de la selva húmeda y de sus cultivos de cacao, los Manché se enfrentaron a un entorno hostil. El resultado fue una mortalidad masiva por enfermedades y hambre que a menudo era caracterizada por los frailes y cronistas coloniales como “melancolía”. En 1710, la población chol Manché en Belén se había reducido a solo cuatro personas. Todos los demás habían muerto. Los pocos que quedaron en otras reducciones fueron gradualmente asimilados a la población q’eqchi’ circundante, perdiendo su lengua y su identidad.
Los últimos sobrevivientes del Manché sufrieron las incursiones de los zambos mosquitos, armados por los ingleses, quienes atacaron las costas del Golfo de Honduras de forma recurrente desde los primeros años del siglo XVIII. En esas incursiones dispersaron a las poblaciones costeras y redujeron a la esclavitud a los últimos sobrevivientes chol Manché de esa región.
El exterminio de los Choles del Manché no fue un hecho colateral a la colonización, sino el resultado de una política del Imperio español que combinó violencia militar, deportación masiva, despojo territorial y abandono sanitario, una historia que se repitió en muchas ocasiones en el territorio histórico de los mayas.
Referencias:
Carrillo González, Juan. 2014. «Por los senderos de Tezulutlán: los mayas y su búsqueda de la verdadera paz en tierra de confines, siglos XVI – XVIII”». Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.
Caso Barrera, Laura. 1998. «Destino de los señores itzáes y de Cabnal, cacique lacandón después de la dominación española (1695-1714)». Antropología. Revista Interdisciplinaria Del INAH, n.o 49: 11-20.
Caso Barrera, Laura. 2000. «Caminos en la selva: relaciones entre Yucatán y el Petén siglos XVII-XIX». El Colegio de México. https://repositorio.colmex.mx/concern/theses/pr76f366q?locale=es.
Jones, Grant D. 1998. The Conquest of the Last Maya Kingdom. Stanford University Press.