Piratas en la Costa Oriental: el asedio a los mayas de Bacalar durante el siglo XVII

Piratas en la Costa Oriental: el asedio a los mayas de Bacalar durante el siglo XVII

Durante el siglo XVII, la villa de Salamanca de Bacalar y sus alrededores fueron espacios caracterizados por una endeble dominación española y en constante convulsión fruto de la resistencia de los mayas a la colonización y las incursiones corsarias. Una escasa infraestructura defensiva y la ausencia de control hispano efectivo convirtieron a Bacalar en un blanco constante de las flotas corsarias que navegaban por el Golfo de Honduras. En este escenario de frontera los pueblos mayas sufrieron las consecuencias destructivas de los ataques piratas y corsarios ávidos de riquezas y esclavizados.

La década de 1640 fue particularmente cruenta para la región. En 1642 Diego el Mulato destruyó y saqueó la villa de Salamanca de Bacalar, dejando únicamente en pie la iglesia de la Limpia Concepción. Poco más de un lustro después, en 1648, la población sufrió un segundo ataque encabezado por el enigmático capitán Abraham. Este ataque provocó asesinatos, heridos, el despojo de bienes y el secuestro de varias mujeres que vivían en la villa. El 29 de mayo de 1652 el mismo Abraham repitió su incursión saqueando una vez más la villa que la arruinó por completo.

Las tripulaciones de los corsarios estaban compuestos sobre todo por piratas ingleses, holandeses y franceses. También incluía a desertores de los puestos coloniales españoles, esclavizados fugados y marineros mestizos e indígenas atraídos por el botín.

Los continuos saqueos ahondaron la crisis de las poblaciones mayas de Bacalar. Cada incursión pirata venía acompañada de la destrucción de viviendas, cultivos y enseres además de la captura de mujeres para su esclavización. Ante el peligro casi permanente, la ineficacia de las defensas españolas, y la explotación a las que eran sometidos por la Corona española, los mayas de Bacalar abandonaron paulatinamente los pueblos. Algunos huyeron hacia la montaña donde habían rancherías y pueblos de mayas que vivían de forma autónoma o independiente. Otros decidieron huir tierra adentro hacia Pachá o Chunhuhub.

Algunos decidieron quedarse y asumieron funciones de vigías para avisar de cualquier incursión pirata. El paulatino establecimiento de los piratas en los cayos e islotes del Golfo de Honduras propició que algunos pobladores mayas colaboraran con los recién llegados para el tráfico clandestino de madera y productos.

Redacción K'ajlay

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