Pedro Tamay, insurgente de Homún durante la Insurrección Maya de 1847

Pedro Tamay, insurgente de Homún durante la Insurrección Maya de 1847

Es bastante complicado rastrear las trayectorias de los insurgentes de a pie, e incluso, de aquellos con cierta notoriedad que participaron en motines e insurrecciones durante el siglo XIX. Esto no solo debido al tortuoso trabajo en los archivos locales sino también a que muchos de los documentos fueron destruidos a lo largo del siglo. Por eso las referencias a la vida de Pedro Tamay son fragmentarias. Una de las primeras veces que resalta en los archivos es en 1840, cuando el caudillo oriental Santiago Imán tomó la ciudad de Valladolid y liberó a los presos políticos y comunes. Pedro José Tamay fue listado como uno de los presos liberados, junto a nombres de caciques y forajidos que tendrían un papel relevante en los años siguientes, como el del cacique de Chichimilá Manuel Antonio Ay.

No hubiera parecido extraño que como aquel cacique, Tamay se hubiera unido a los pronunciados federalistas de Santiago Imán que terminaron presos en la cárcel de Valladolid. No hay que olvidar que uno de los tópicos mas importantes de la rebelión federalista de 1840 fue la eliminación de los impuestos eclesiásticos, pesadas cargas tributarias que solían precarizar la ya de por sí endeble vida en los pueblos mayas de la primera mitad del siglo XIX. Homún y Cuzamá fueron el escenario de diferentes actos de resistencia de los mayas para evitar pagar impuestos eclesiásticos, como lo había sancionado la Constitución de Cádiz en 1812 que eliminó el pago de obvenciones. Fue una resistencia que se prolongó muchos años, al menos hasta las primeras décadas del Yucatán independiente.

Este descontento generalizado provocado por los impuestos se mantuvo aún después del triunfo de Santiago Imán y fue plasmado en diferentes escritos por los comandantes mayas sublevados en 1847. No sabemos a ciencia cierta en qué momento de la sublevación Tamay se unió a los mayas insurgentes. A mediados de 1848 los mayas insurrectos llegaron hasta la zona centro de Yucatán y sitiaron Homún y sus alrededores avanzando desde Sotuta y Zavala. El pueblo de Homún y las haciendas de los alrededores se convirtieron en campos de batalla. Haciendas como Yabucú, Tubún y Dzecuzamá fueron saqueadas e incendiadas por los rebeldes. De la misma manera diferentes reportes militares dieron cuenta de familias enteras de Homún que huían hacia el bando de los sublevados. Sin embargo la milicia yucateca, fortificada en Huhí y Hocabá, logró repeler el ataque.

¿Fue en este periodo cuando Tamay se unió a los sublevados? Es imposible saberlo. Lo que si sabemos es que tres años después del inicio de la sublevación sus bienes, en posesión de Luisa Tamay su esposa, le fueron enajenados. El juez señaló que Luisa se había dedicado a “dilapidar” esos bienes. Confiscados fueron puestos a resguardo de los hidalgos de Homún, mayas que integraban la milicia yucateca en calidad de auxiliares a cambio, entre otras cosas, de la exención de los odiados impuestos.

Uno de los bienes que poseían los Tamay era un plantío de henequén ubicado en uno de los solares confiscados. A mediados del siglo XIX este tipo de plantíos eran frecuentes en el paisaje urbano de los pueblos del interior de Yucatán ya que la fibra tenía diversos usos. Aunque hoy asociamos la fibra de henequén a las pacas producidas en las haciendas porfirianas, a mediados del siglo XIX los mayas de Homún eran famosos por fabricar hamacas con los hilos que obtenían del agave. Casi un tercio de la población clasificada como indígena en el censo de 1841 se dedicaba a esta actividad.

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