Los milperos de Acanceh, la hacienda Tepich y el motín en Nohcacab, 1843-1844

Los milperos de Acanceh, la hacienda Tepich y el motín en Nohcacab, 1843-1844

Olvidado durante décadas el motín en Nohcacab tuvo en su época profundos impactos en el imaginario colectivo de los dzules, alimentando el miedo de una sublevación indígena a gran escala. Acanceh y sus alrededores ejemplifican claramente el clima que se vivía en muchos pueblos del occidente de Yucatán en vísperas de la insurrección maya de 1847.

Por su cercanía a Mérida estancieros españoles y mestizos se habían apropiado de pozos de comunidad de los pueblos de los alrededores para poner empresas ganaderas. Desde el siglo XVII ya existían estas empresas en los alrededores del pueblo de Acanceh.

Una de estas haciendas fue la de Tepich, cuyo topónimo hace referencia al Enterolobium cyclocarpum, uno de los árboles más frondosos del norte de Yucatán. Para finales del siglo XVII ya habían noticias de que dos “indias” de Yaxkukul vivían en la estancia. Esta hacienda, conocida como Tepich Carrillo, comenzó a expandirse a partir de la desposesión de los montes comunales de pueblos como el de Acanceh, un pueblo que existe desde la época precolonial y tiene una larga historia de ocupación maya que se puede rastrear hasta el siglo V.

Durante el siglo XIX la república de indios de Acanceh defendió a través de la acción directa los montes de los que se había apropiado Joaquín Castellanos, dueño de las haciendas de Tepich y Tehuitz. Doroteo Yam y un grupo considerable de milperos ocupó los montes a través de la siembra de milpa. Esto provocó que los milperos de Acanceh y su cacique fueran denunciados por Castellanos con lo que el conflicto no hizo más que escalar. Los milperos pasaron a mostrar su descontento amenazando e hiriendo al mayordomo de la finca. Estos personajes, que solían ejercer la autoridad de los hacendados en su ausencia, fueron blanco del descontento popular muy a menudo. En diciembre de 1843 Joaquín Castellanos denunció nuevamente a Yam y los milperos de Acanceh evocando en su escrito el fantasma del motín en Nohcacab: “…si no se remedian estos males con tiempo irán en progresivo aumento y podrán repetirse en mis haciendas las trágicas y lamentables escenas de Uxmal y Chetulix mucho más siendo el carácter del repetido cacique maligno”.

Yam y otros milperos se fugaron al iniciar el nuevo proceso. En 1844 Martín, Romualdo y Francisco Cen, Pedro y José María Puc, Norberto Cen, Antonio Kantún e Hilario Che, habían purgado sus condenas y después de un trato con Castellanos fueron liberados. Las autoridades prestaron especial cuidado de recordar el orden de las cosas a los condenados, en una época en donde la ley a menudo sancionaba la desposesión de los hacendados de los montes del común: “…para que en adelante oigan con sumisión las determinaciones judiciales y obedezcan a las autori­dades: entendidos que de reincidir en esta falta serán castigados con el rigor de las leyes”.

REFERENCIAS

  • Güemez Pineda, Arturo. “La rebelión de Nohcacab: prefacio inédito de la guerra de castas.” Relaciones. Estudios de Historia y Sociedad 13, no. 52 (1992). https://biblat.unam.mx/es/revista/relaciones-colmich-zamora/articulo/la-rebelion-de-nohcacab-prefacio-inedito-de-la-guerra-de-castas.
  • García Bernal, Manuela Cristina. Desarrollo agrario en el Yucatán colonial: repercusiones económicas y sociales. Mérida, Yucatán: UADY, 2006.
  • Patch, Robert W. La formación de estancias y haciendas en Yucatán durante la colonia. Mérida, Yucatán: Universidad de Yucatán, 1976.
  • Rugeley, Terry. Yucatán’s Maya Peasantry and the Origins of the Caste War. University of Texas Press, 2010.

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