El mito del “conquistador blanco”, aquel que dice que un puñado de conquistadores europeos bastó para avasallar a los millones de integrantes de las sociedades indígenas de América, se ha cimentado en la omisión y el olvido de la participación de miles de indígenas americanos en las empresas de colonización e invasión de diversos territorios. La tercera entrada de Montejo a Yucatán, efectuada entre 1540 y 1542, hubiera sido bastante diferente de no haber contado con miles de esclavos, sirvientes y guerreros indígenas, quienes fueron clave para que la incursión dirigida por Francisco de Montejo “el Mozo” pudiera culminar en enero de 1542 con la fundación de la ciudad de Mérida. Pese a ello, se ha hablado poco de su participación. En la extensa obra del historiador Robert S. Chamberlain, Conquista y colonización de Yucatán, publicada en español en 1982, apenas se les menciona, refrendando la idea errónea de que fue el puñado de ibéricos quienes con su genio y determinación fueron los únicos artífices de la empresa.
¿De qué lugares venían los guerreros indígenas que participaron en la hueste indiana de los Montejo? ¿Qué papel tuvieron exactamente en esta entrada?
Detalle del “Círculo de Tepanecayotl”, donde se representa a los tlahtocayotl subordinados al señor de Azcapotzalco en su época de mayor poderío en la época precolonial (Fuente: Historia de Azcapotzalco, FB).
Guerreros nahuas a Centroamérica y Yucatán
El contingente de mayor importancia numérica en el tercer intento efectuado por los Montejo para invadir y colonizar Yucatán, estuvo conformado por guerreros nahuas del centro de México. Habían sido reclutados en los antiguos altépetl de Azcapotzalco y Xochimilco; ambos, en algún momento de la entonces breve historia del dominio colonial, habían sido encomiendas de Francisco de Montejo “el Viejo”. Un contingente de quinientos guerreros de Azcapotzalco había integrado ya la hueste de Montejo cuando se dirigió a las Hibueras (actual Honduras) en 1537. En esta región de Centroamérica, los aliados nahuas de Montejo se negaron a secundar el alzamiento del cacique lenca Lempira y participaron en aplastar la resistencia de los indígenas hondureños. Esta experiencia de guerra y colonización sirvió a Montejo para darse cuenta de la importancia de los indígenas como sirvientes y combatientes para que cualquier empresa de los hispanos pudiera llegar a buen puerto; también fortaleció la confianza en los azcapotzalcas como auxiliares armados en sus empresas. Al terminar su incursión en Honduras, Montejo viajó a la Nueva España, en donde en 1539 pudo brevemente hacerse de la encomienda de Xochimilco por un tiempo suficiente, como para poder también extraer de allí recursos humanos para la guerra en Yucatán. Finalmente, a finales de 1540, llegaron a la Península de Yucatán, refuerzos compuestos por guerreros de los altépetl de Huejotzingo y Texcoco, aunque el mayor contingente de guerreros continuó siendo de Azcapotzalco.
Guerreros mayas de los ríos y lagunas
Xicalango fue, entre finales del siglo XV y principios del XVI, la capital de uno de los tres señoríos chontales que dominaban la región de los ríos y lagunas del actual Tabasco y el sur de Campeche. Desde el Preclásico había adquirido importancia como un enclave comercial que permitía el dominio de las rutas fluviales de comercio. Cuando los españoles llegaron a la zona no tardaron en darse cuenta que Xicalango, por su ubicación y sus recursos, podía ser uno de los enclaves desde el cual emprender la guerra de conquista de Yucatán. En este asentamiento, Francisco de Montejo “el Mozo” reunió por años los recursos necesarios para avanzar sobre el Mayab. Aunque la mayor parte de los indígenas del señorío fueron empleados por los españoles como sirvientes y porteadores, un pequeño grupo de Xicalancas, después de que Montejo el Mozo insistiera, fue incorporado a la hueste que se dirigía a invadir el Mayab. Para noviembre de 1540, después de la llegada de Gaspar Pacheco, la hueste de los Montejo (“el Mozo” y “el Sobrino”) estaba integrada por cuatrocientos españoles y tres mil guerreros indígenas, sin contar a miles de esclavos y sirvientes.
Conquistadores indígenas en el Mayab
Una vez iniciada la campaña, en 1540, los indígenas aliados tuvieron un papel de primer orden como guías de la incursión, pues fueron quienes proporcionaron información de las rutas para el traslado de personas y mercancías en canoas, de Xicalango a Champotón y Campeche. Poco antes, los guerreros nahuas de Azcapotzalco habían sido parte del contingente que reforzó a la debilitada guarnición ibérica en Champotón, enclave de avanzada de los españoles en Yucatán. Esta presencia temprana en el Mayab también hizo que fueran de los primeros indígenas conquistadores en participar en combate contra los mayas. El 7 de agosto de 1540, después de haber identificado las fortificaciones mayas que impedían el paso de la expedición, los guerreros nahuas fueron los que integraron la vanguardia que asaltó frontalmente las defensas de Sihochac hasta tomar el pueblo.
En noviembre de 1540, después de fundar la villa de Campeche los invasores se adentraron por el territorio de Ah Canul, con la vanguardia compuesta ahora por un capitán español y el capitán nahua Gonzalo Méndez al mando de 500 auxiliares mexicanos. Junto a otros capitanes como Gaspar de Castro, esta columna fue la que recorrió los pueblos de Hecelchakán, Tenabo y Calkiní. En esta última ciudad, capital del Cuchcabal del mismo nombre, los principales y nobles mayas reunieron el tributo que afirmaba la sujeción a los recién llegados, después de la derrota en Sihochac. Según lo asentado por el escriba de Calkiní, fue Méndez quien llegó primero a la ciudad: “paybe ulci u kekenob yetel u culuaob ti Gonsalo u capitan culuaob lae” (Primeramente llegaron los puercos y los de Culhúa. Gonzalo [Méndez] fue el capitán de estos culhúas).

Los auxiliares indígenas también integraron las cuadrillas de exploradores encargados de buscar alimentos y agua para que los víveres para los expedicionarios estuvieran garantizados. Esta tarea fue desempeñada por Esteban de Olivares y un grupo de guerreros nahuas mandados por Diego Quiyauit, quienes por días se adentraban en los montes de los alrededores buscando maíz, cerdos y pozos. Los aliados indígenas también cumplieron la función de guarnecer los lugares que progresivamente iba ocupando la incursión, su permanencia en estos pueblos fue clave para mantener las líneas de aprovisionamiento de las columnas que tenían como propósito llegar a Jo’. A finales de 1541, en la última fase de la tercera entrada de Montejo, la vanguardia compuesta por nahuas e ibéricos fue la que logró desbaratar la resistencia de Ah Kin Chuy, sacerdote de Peba, quien había convocado a los pueblos cercanos a Chocholá a plantar cara a los invasores. Después de dejar en Chocholá a Juan Sandoval con un grupo de auxiliares indígenas, Hernando Muñoz Zapata y un grupo de guerreros nahuas fue en persecución del Ah Kin, a quien hicieron prisionero sin combatir. Como sabemos, el resultado de esta tercera entrada fue la fundación de la villa y ciudad de españoles de Mérida el 6 de enero de 1542 en el antiguo asentamiento maya de ti Hoo.

 

Los indígenas que participaron en esta última expedición de los Montejo, en especial los que lo hicieron como combatientes, no solo sufrieron en vida el olvido de parte de sus supuestos aliados, quienes los marginaron de los privilegios y honras que les habían prometido como “conquistadores”; ahora, también permanecen en el olvido en los discursos oficiales e historiográficos cuando se conmemora anualmente la fundación de la ciudad de Mérida, lo que fortalece el mito del conquistador blanco y omite la contribución indígena a la ciudad desde su mismo surgimiento.
REFERENCIAS:
  • Chamberlain, Robert Stoner. 1982. Conquista y colonización de Yucatán: 1517-1550. México, D. F.: Porrúa.
  • Chuchiak, John. 2007. «Forgotten allies : the origins and roles of native Mesoamerican auxiliaries and indios conquistadores in the Conquest of Yucatan, 1526-1550». En Indian Conquistadors: Indigenous Allies in the Conquest of Mesoamerica. Oklahoma: University of Oklahoma Press.
  • Restall, Matthew. 2004. Seven Myths of the Spanish Conquest. Oxford: Oxford University Press.
  • Vargas Pacheco, Ernesto. 2001. Itzamkanac y Acalan. Tiempos de crisis anticipando el futuro. México, D.F: IIA-UNAM. http://www.iia.unam.mx/publicaciones/detalles.php?clave=242

CÓMO CITAR ESTE TEXTO: José A. Koyoc Kú, “Los conquistadores indígenas de Yucatán”, Maya K’ajlay, 11 de enero de 2020 (http://www.kajlay.org/los-conquistadores-indigenas-de-yucatan/).  

Diego de Landa relata que fue uno de los Cocom que sobrevivió al alzamiento que acabó con Mayapán en el siglo XIV, quien se asentó en Tibolón con sus “parientes y vasallos” y allí estableció uno de los cuchcabales más poderosos y prestigiosos de las Tierras Bajas del Norte, el cuchcabal de Sotuta.

Los Cocom se opusieron a las huestes hispanas desde sus primeras incursiones al occidente del Mayab. Aunque Nachi Cocom, el halach uinic de Sotuta, acordó después de combatir varios años pagar tributo a la Corona española, otros miembros del linaje siguieron tramando conspiraciones para recuperar su señorío y expulsar a los colonizadores recién establecidos.

A las autoridades españoles les tomó varias décadas acabar con la antigua estructura política maya centrada sobre todo en la figura del halach uinic. Durante mucho tiempo, estos siguieron gozando de gran prestigio y continuaron encabezando los ritos y ceremonias a las antiguas deidades, lo que era visto con particular hostilidad por el clero y los alcaldes españoles. Por ello, en diferentes etapas, el visitador Diego García de Palacios y fray Diego de Landa lanzaron campañas de persecución contra lo que ellos consideraban “idólatras” e “idolatrías”, campañas que cumplían también con el objetivo de menguar el prestigio de la antigua nobleza maya.

Escena de tributo en una vasija maya de la época Clásica (K4996, tomada de Maya Vase Database)

En 1583, durante la visita de Diego García de Palacios a Yucatán, Andrés Cocom, noble originario del pueblo de Sotuta, fue castigado por participar en uno de estos ritos. Enviado como trabajador forzado a las obras de construcción de San Juan de Ulúa, Cocom logró escapar de su destino cuando ya se encontraba a bordo de una fragata que lo llevaría al puerto veracruzano. En 1589, en los alrededores de Campeche, tramó una sublevación; comenzó a anunciar desde un paraje llamado La Desconocida que había visitado al rey de España y que tenía una carta en donde este lo había nombrado rey de la provincia.

Una parte del linaje de los Ek de Tenabo y Tinum comenzó a reunir tributo, consistente en moneda y mercancías, para reconocer el señorío del rey Cocom en tanto se decía que se habían comenzado a reunir armas que eran cuidadosamente guardadas en cuevas. Otros pueblos como Hocabá,  Homún y  Umán ya se encontraban enterados de la conspiración que se tramaba. No obstante, la noticia llegó pronto a oídos de Jorge Canul, alcalde de Tenabo y quién provenía de una familia que para conservar sus privilegios había colaborado con los colonizadores. Su padre Juan Canul había sido uno de los primeros caciques de la región en entregarle tributo a Francisco de Montejo, por lo que había sido nombrado gobernador de Tenabo, cargo que heredó don Jorge. A través de otro de los principales de apellido Ek, se enteró de los preparativos de la sublevación por lo que procedió a interrogar a los implicados en la conspiración. Una vez que pudo reunir información suficiente acudió con el alcalde mayor de Campeche , Francisco Sánchez y Cerdán, famoso por su actividad como “reductor” de “mayas gentiles” en los alrededores de los ranchos y pueblos cercanos a  Champotón. Durante la revisión de dos casas en Tenabo encontraron cacao y cera, productos todos que iban destinados al rey Cocom. Rápidamente las autoridades coloniales dieron con él, desbaratando la conspiración; posteriormente fue ahorcado para dar un ejemplo a todos los demás que quisieran sublevarse.

A pesar de su muerte, la memoria de la conspiración de Andrés Cocom encontró eco en una de las profecías del Chilam Balam de Chumayel y continuó alimentando por mucho tiempo el advenimiento de un mundo más justo para los mayas.

REFERENCIAS

  •  Bracamonte y Sosa, Pedro. La conquista inconclusa de Yucatán: los mayas de las montañas, 1560-1680. CIESAS, 2001.
  • Gunsenheimer, Antje. «La historia de Don Andrés Cocom en los Libros del Chilam Balam». INDIANA 17, n.o 0 (1 de enero de 2001): 269-88.
  • Landa, Diego de. Relación de las cosas de Yucatán. Biblioteca Porrúa, 1986.