La historia de Manuel Antonio Ay como “protomártir” de la Revolución Maya, según reza el monumento que el escultor mexicano Enrique Gottdiener elaboró en 1975 y que se encuentra colocado en el parque central de Chichimilá es bastante conocida. La ejecución de Ay en la plaza del Barrio de Santa Ana, en Valladolid fue uno de los eventos que desencadenó lo que sería conocida después como la “Guerra de Castas”. No obstante, es menos conocido el pasado de Ay como batab y como miliciano organizador de los contingentes de mayas orientales que participaron en la Guerra contra México y en los pronunciamientos que sacudieron la política peninsular después de 1843. Para cuando Ay llegó a ser cacique de su pueblo natal, Chichimilá, los puestos de las repúblicas de indios y su prestigio habían sido ya debilitados por la legislación republicana del México independiente. Los cabildos indígenas se encontraban subordinados a las autoridades municipales y al gobierno estatal con funciones bastante reducidas a la recaudación fiscal y control de la población maya. Aunque la existencia de las repúblicas de indios atentaba contra la ideología liberal del ciudadano individual al representar el interés de una corporación, el gobierno yucateco decretó su restablecimiento en julio de 1824 para tener una control más efectivo de la población maya: no sólo en el tema de la recaudación de impuestos sino también en el de la organización del trabajo indígena que incluía fajinas para la comunidad y frecuentemente trabajo forzado para los establecimientos agrícolas de los “vecinos” de los pueblos. Para los puestos de oficiales de república debía de elegirse preferentemente a aquellos que supieran el idioma castellano y que tuvieran un oficio agrícola o industrial. Cuando Manuel Antonio Ay fue procesado en 1847 tenía 28 años, señaló que sabía leer y escribir en lengua maya, era de oficio labrador y entendía algo de la lengua castellana.  

 

En el oriente de la Península, el pronunciamiento de Santiago Imán trastocó las alianzas políticas y dio una fuerza muy particular a los mayas y sus caciques. Tras sus intentos fallidos de 1837 Imán negoció con los mayas orientales para ganarse su apoyo y consolidar su base popular en el oriente, el caudillo se comprometía a abolir las contribuciones personales a cambio de la ayuda logística y militar de los indígenas. El tizimileño triunfó enarbolando la bandera del federalismo, en febrero de 1840 hizo su entrada triunfal a Valladolid después de un breve combate acompañado de mayas armados que causaron sorpresa y temor entre los vecinos de Valladolid. Posteriormente liberó a varios presos de la cárcel local, entre ellos a Manuel Antonio Ay.

 

Al estallar la guerra contra México, los mayas orientales mantuvieron su alianza con Imán y sus lugartenientes Pastor Gamboa y José María Vergara cuando las tropas mexicanas arribaron a Campeche en 1842. Muchos mayas participaron como milicianos en los combates en el occidente de la Península a cambio de la promesa de que una vez terminado el conflicto la contribución personal sería eliminada. Otros mayas orientales también participarían reuniendo fusiles o dinero para la compra de pólvora y plomo o bien, participaron como Manuel Antonio Ay como arrieros y escoltas trasladando maíz y otros víveres a las fuerzas militares yucatecas.

 

Una vez terminado el conflicto en 1843, Ay no dejó de participar en los motines y asonadas que azotaban el oriente de Yucatán. En 1846 participó en el combate de Temax y posteriormente participó también en los eventos del barrio de Sisal en Valladolid ya con un rango militar. El cacique de Chichimilá, que ya era sargento segundo, formaba parte de los mayas aliados a Juan Vázquez, juez de paz de Tihosuco.

 

En julio de 1847 Ay fue arrestado y procesado presuntamente por tramar un levantamiento en contra del gobierno. Las declaraciones son contradictorias, algunos señalaban que Ay tramaba un alzamiento contra los blancos en tanto otros aseguraron que planeaba una nueva asonada con oficiales mestizos y caciques mayas para abolir la contribución. Después de un proceso sumario un tribunal militar encontró culpable a Ay. Según la sentencia firmada por Eulogio Rosado, comandante militar de Valladolid, el cacique oriental fue condenado a morir ante un pelotón de fusilamiento debido a “ser uno de los cabecillas de la insurrección de la clase indígena contra las presentes instituciones”. Después de recibir los auxilios espirituales Ay fue conducido a las cinco de la tarde del 26 de julio de 1847, acompañado por el clero y una escolta armada, a la plaza de la ermita de Santa Ana donde a la vista de todos fue fusilado. Posteriormente su cuerpo fue conducido a su pueblo natal donde recibió sepultura.

 

Como sucede con otros jefes mayas de la época no ha sobrevivido ningún registro de cómo era físicamente Manuel Antonio Ay. La escultura de Gottdiener que se encuentra en Chichimilá y la ilustración que se encuentra en el Museo Maya Santa Cruz Xbáalam Naj en Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo son construcciones posteriores que honran la memoria de un cacique maya condenado por un sistema judicial racista en donde se esperaba que su ejecución fuera un ejemplo para otros mayas ante lo que los oficiales criollos interpretaban como el inicio de una “guerra de castas”.

 

REFERENCIAS

  • Asociación Cívica Yucatán. De la Guerra de Castas. Causa a Manuel Antonio Ay, el primer indio maya rebelde fusilado en Valladolid el 30 de julio de 1847. México: Imprenta Futura, 1956.
  • Peraza Herrera, Angela. “Un escándalo en el orden liberal. La restitución de las repúblicas indígenas en Yucatán, 1841-1868”. CIESAS, Tesis de maestría en historia, 2009.
  • Rugeley, Terry. Rebellion Now And Forever. Maya, Hispanics, and Caste War Violence in Yucatan, 1800-1880. Stanford, Stanford Univeristy Press, 2009.
  • Taracena, Arturo. De héroes olvidados. Santiago Imán, los huites y los antecedentes bélicos de la Guerra de Castas. México: UNAM, 2013.

Fotografía de la ilustración de Manuel Antonio Ay cortesía de @lagreciamaya