¿Por qué el ejército mexicano taló la caoba donde se encontraban grabadas las cruces de Balamnah?

¿Por qué el ejército mexicano taló la caoba donde se encontraban grabadas las cruces de Balamnah?

En 1852 el ejército mexicano y la milicia yucateca ocuparon brevemente Noh Cah Santa Cruz Balamnah. Entre los resultados de la incursión estuvo la tala de la caoba donde se encontraban grabadas las cruces que habían dado origen al culto que alimentó la resistencia de los insurgentes orientales.

Esta incursión fue dirigida y planeada por el general mexicano Rómulo Díaz De la Vega. En mayo de 1851 había relevado a Manuel Micheltorena como comandante general de Yucatán. Se convirtió así en el segundo general mexicano enviado a combatir a los insurgentes mayas por el gobierno central.

Díaz de la Vega pasó gran parte de 1851 reorganizando a las fuerzas armadas yucatecas. Dio nuevos bríos a la defensa en Bacalar y dio descanso a los milicianos que habían combatido de forma ininterrumpida casi desde el inicio del conflicto. Al iniciar 1852 el comandante general consideró que se encontraba ya en condiciones de lanzar una gran ofensiva al territorio que los mayas insurgentes controlaban a lo largo de la Costa Oriental. De particular importancia era tomar Noh Cah. Aun cuando fuera de manera efímera, ocupar el asentamiento insurgente, en palabras del general podría obtener “el sometimiento de los rebeldes que hacen la guerra en el sur de esta península”.

Fue así que el 19 de febrero de 1852 una columna comandada por el mismo general Vega partió de Tihosuco. Su objetivo era encontrarse en Bacalar con las otras cuatro columnas que recorrerían todo el territorio en control de los insurgentes. Conforme la columna de Vega se aproximaba a Noh Cah los insurgentes emboscados entre la vegetación de los alrededores aumentó sus tiroteos y explotaron también las bombas que avisaban de la aproximación de la milicia mexicana.

En aquella época en Noh Cah había ya una iglesia, tres barracas de techo de palma y más de trescientas casas. La población se aprovisionaba de agua de un cenote cercano. Llamaba la atención que en los solares de las casas se encontraban decenas de tumbas e incluso cadáveres en las hamacas. Los yucatecos y mexicanos saquearon el maíz que encontraron.

En torno al cenote que se encontraba cercano a Noh Cah crecía un árbol de caoba que se encontraba ya ennegrecido por las velas que prendían a su alrededor. Las cruces que representaban al culto religioso habían sido capturas en dos ocasiones por los yucatecos, pero de forma milagrosa aparecían nuevamente al pie del árbol. En la corteza del árbol de caoba había una inscripción que decía: “Santa Cruz 2 de noviembre”, que llevó al historiador Serapio Baqueiro a proponer que esa fue la fecha de la aparición de las cruces.

Según los relatos de los mayas “no había poder humano” que pudiera derribar el árbol donde se encontraba grabada la inscripción y la cruz. Enterado de ello el general Vega mandó derribar el árbol de caoba. Así lo narra el historiador Serapio Baqueiro: “Súpolo el general Vega, y constituyéndose en el lugar mandó cortarlo á la presencia de todos los prisioneros, y á pesar de que lo habían visto caer, al preguntarles si en efecto había caído, contestaron “que tal vez así sería, pero que las cruces no podían engañarse”.

La columna de Díaz De la Vega dejó Santa Cruz el 4 de marzo, después de que las partidas saquearon todo el maíz de los alrededores. El último día quemaron una parte importante del grano que no podían transportar. A finales de marzo de 1852, tras recorrer Bacalar y Chichanhá, la columna de Vega regresó a Peto con cientos de prisioneros que serían confinados a los pueblos yucatecos detrás de La Línea.

La historiadora Lorena Careaga señala así la valoración del general mexicano de la campaña: “Para el orgulloso comandante, los principales resultados de la campaña habían sido la disminución considerable de los enemigos y de sus elementos de guerra; el terror que había infundido en ellos de verse perseguidos constantemente, sin posibilidad de esconderse ni de hacer sus sementeras, y de ser muertos o hechos prisioneros en cualquier momento…”.

A pesar de que el ejército mexicano taló el árbol de caoba el culto religioso asociado a las cruces no menguó. Conforme pasaron los años y la resistencia maya continuó el culto a las cruces se afianzó entre los insurgentes.

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