Los yaquis de Misnebalam

Cuando se habla de la deportación del pueblo yaqui a diferentes partes de México suele retratárseles sólo como víctimas de una de las guerras internas emprendida por el gobierno porfiriano para acabar con la resistencia de diferentes pueblos indígenas de la república. Pocas veces se menciona que a pesar de las infames condiciones en que fueron trasladados y obligados a trabajar en diferentes lugares también resistieron al sistema que se les imponía.

La historia de los yaquis en Yucatán ha sido difundida ampliamente, pero se sabe menos de su vida cotidiana en las plantaciones mexicanas. Una de las haciendas a la que los yaquis llegaron fue la de San Juan Nepomuceno Misnebalam, ubicada cerca del camino que unía a la capital del estado con el puerto de Progreso. En aquella época la vía ancha de ferrocarril, inaugurada en septiembre de 1881, comunicaba a Mérida con el puerto, una vía angosta de tranvía hacia lo propio con Misnebalam y la hacienda San Ignacio. Entre 1908 y 1914 la hacienda perteneció a Augusto L. Peón, uno de los magnates más importantes del henequén, quien también tenía cargos del más alto nivel en las empresas agrícolas henequeneras. La propiedad de Peón tenía a finales del siglo XIX más de cinco mil hectáreas que colindaba con terrenos nacionales y los ejidos de Progreso

En Misnebalam los yaquis que trabajaban en la hacienda se dedicaban al corte de penca. Si bien las primeras personas que enviadas a la Península de Yucatán en 1900 eran mujeres y niños, posteriormente también fueron llegando varones. Según la división del trabajo en las haciendas henequeneras estos podían dedicarse a las duras tareas en los calurosos campos sembrados de agave. A diferencia de los mayas de las haciendas yucatecas, los yaquis no recibían montes para milpar por lo que además de un modesto salario le entregaban tres almudes de maíz semanales, muy probablemente importado de los Estados Unidos. 

Una de las consecuencias del triunfo maderista en 1911 fue que los yaquis fueron “liberados de la esclavitud” por lo que en Yucatán comenzaron a concentrarse en la capital del estado a la espera de regresar a su tierra. Poco después fueron reclutados para integrar el Batallón “Cepeda Peraza”, un grupo de choque que operó a favor del candidato a la gubernatura José María Pino Suárez. Los yaquis recorrieron lugares como Valladolid y Temax, e incluso regresaron a haciendas como Misnebalam solo que ahora armados y uniformados y no como trabajadores forzados. En noviembre de 1911 los yaquis fueron desarmados ante el rumor de que planeaban levantarse. Aunque un convoy con medio millar de yaquis salió de Progreso hacia la capital ese mismo año el regreso a su tierra, en el estado de Sonora, aun estaba lejano ya que fueron reclutados para combatir en los ejércitos revolucionarios en el centro de México. Lo que es cierto es que después de 1911 los yaquis desaparecieron de los registros de Misnebalam como peones del henequén.

REFERENCIAS:

  • Bellingeri, Marco. 1999. «La racionalidad esclavista de la producción henequenera en Yucatán (1880-1914)». En Para una historia de América Latina III. Los nudos 2. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, El Colegio de México.
  • Mattiace, Shannan, y Tomas Nonnenmacher. 2014. «The Organization of Hacienda Labor during the Mexican Revolution: Evidence from Yucatán». Mexican Studies/Estudios Mexicanos 30 (2): 366-96 https://doi.org/10.1525/msem.2014.30.2.366.
  • Padilla Ramos, Raquel. 2006. «De la deportación a las milicias activas de Yucatán –Los Yaquis y el Batallón Cepeda Peraza–». Ketzalcalli, n.o 1: 52-67.
  • Imagen: Plano donde se aprecian las vías que comunicaban a la hacienda Misnebalam con otras localidades (Mapoteca Orozco y Berra)

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