Valladolid y ¿la primera chispa de la Revolución?

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Por: Joed Amílcar Peña Alcocer

El 4 de junio de 1910 el Diario Yucateco publicó una breve nota para informar a sus lectores que les llegó “la noticia de que en la ciudad de Valladolid han tenido lugar graves desórdenes”. Durante la madrugada de aquel día un grupo de hacendados y comerciantes, simpatizantes de Delio Moreno Cantón y Francisco Cantón Rosado, llevaron a los trabajadores de sus fincas a amotinarse en contra del gobernador Enrique Muñoz Aristegui, con prontitud fueron reprimidos, desarticulado su movilización y enterradas sus aspiraciones políticas.

Sorprendentemente, este hecho de profundo carácter regional y cercano al conservadurismo antirrevolucionario se volvió, con el pasar de las décadas, una de las tradiciones más arraigadas en la ciudad de Valladolid, pasando a la posteridad como la “Primera Chispa de la Revolución”. ¿Cómo un motín motivado por intereses políticos regionales se transformó en un antecedente de la Revolución mexicana? En unas breves líneas daremos una sencilla respuesta.

Durante la primera década del siglo XX los principales actores de la política yucateca fueron los hacendados, dentro de este grupo destacó Olegario Molina Solís, un rico latifundista que había amasado una considerable fortuna gracias al acaparamiento de tierras para el cultivo del henequén y el férreo control que ejerció sobre su compra y exportación. Su cercanía al presidente Porfirio Díaz fue recompensada con la gubernatura del Estado, esto le valió ser objeto de varias denuncias y sus adversarios (otros hacendados)fraguaron estrategias para apartarlo del poder político. En este contexto, el surgimiento del maderismo fue una oportunidad para que los hacendados y comerciantes opositores se reagruparan en partidos y clubes electorales.

Nadie dudaba que Porfirio Díaz pretendía mantener el control de Yucatán a través del grupo molinista, en1906 Olegario Molina se integró al gabinete presidencial como secretario de Fomento, mientras tanto su círculo de influencia gobernaba el Estado. Los opositores a este grupo notaron que en Mérida no encontrarían la fuerza necesaria para derrocarlo, por lo que se volcaron a una campaña de reclutamiento de campesinos y peones en las zonas rurales que tenían bajo su control.

Delio Moreno Cantón, sobrino del ex gobernador Francisco Cantón Rosado, fue el abanderado del Centro Electoral Independiente, el partido opositor más importante. Se había ganado reputación de buen periodista y poeta, pertenecía a una familia de origen vallisoletano con claros intereses en el mercado del henequén e ideología conservadora, su tío Francisco Cantón combatió al ejercito juarista y defendió la causa del Segundo Imperio. De llegar al palacio de gobierno, el grupo que lo respaldaba tendrían las puertas abiertas al mercado internacional de la fibra y la industria del ferrocarril. En resumidas cuentas, el morenismo era una nueva versión del cantonismo y no deseaban una trasformación del mercado del henequén o de las condiciones sociales de las clases trabajadoras, se movía hábilmente contra el molinismo, sin distanciarse del porfirismo y dañar sus intereses.

El gobernador Enrique Muñoz Aristegui no soportó la campaña orquestada en su contra por lo que en el otoño de 1909 ordenó varios actos de represión, tanto en la ciudad como en el campo se clausuraron varios clubes morenistas e intimidó a sus lideres. Al año siguiente en Valladolid, Maximiliano R. Bonilla, Claudio Alcocer y Miguel Ruz Ponce se levantaron en armas junto a numerosos peones de las haciendas circundantes. Estos tres personajes tenían un vínculo directo con el morenismo, por lo que su movilización fue una respuesta a la represión que sufrieron meses atrás.

Es difícil interpretar el levantamiento en Valladolid como una reacción popular en contra del régimen porfiriano, sus principales orquestadores formaban parte de los clubes políticos reprimidos, de conseguir su cometido llegarían a la primera fila del poder regional. En ese sentido, la participación campesina debe ser vista a la luz de las relaciones patronales a las que estaban sujetos los trabajadores de las fincas, consideremos que uno de sus principales centros de concentración fue la hacienda Kantó de Francisco Cantón Rosado. Siguiendo esta lógica, el papel de los campesinos fue aumentar el número de hombres armados y revestir el motín de protesta popular. La información que provenía de las fuentes oficiales ayudaba a corroborar la naturaleza local de estos sucesos:

“Podemos asegurar que los sangrientos sucesos de la ciudad de Valladolid, aunque son graves por su carácter, se reducen a actos de un pequeño número de malos patriotas contra las autoridades de esa localidad, los cuales han logrado alguna cooperación entre los indios de las poblaciones, merced a la ignorancia de éstos y valiéndose de diversos engaños; que en el resto del Estado, como ya se dijo, está asegundado el orden público (Diario Oficial del Gobierno del Estado de Yucatán, 7 de junio de 1910)”.

Enrique Muñoz Aristegui aplastó con determinación el intento de sublevación, los periódicos reportaron por lo menos 50 heridos, más de 70 muertos y más de 100prisioneros, los líderes fueron fusilados. La prensa más perspicaz informó que los sublevados gritaron consignas a favor de Delio Moreno Cantón, por lo que se cuestionaban el papel que jugaron él y Francisco Cantón Rosado en estos trágicos sucesos. Entonces, ¿de dónde nace el relato de la primera chispa de la Revolución? De la pluma de un periodista e historiador.

Carlos R. Menéndez es una figura de gran importancia para comprender la historia de la prensa e historiografía yucateca del siglo XX. Al momento de los sucesos de Valladolid era un reconocido partidario de Francisco Cantón Rosado y, en consecuencia, de su sobrino Delio Moreno Cantón, desde la dirección del periódico Revista de Mérida construyó un relato que magnificó la sublevación morenista de Valladolid, nunca la vinculó a esa organización política y lo hizo pasar como un movimiento de protesta generalizada.

Tras el fracaso del movimiento, Menéndez continuó esa misma línea discursiva a través de la publicación de su libro La primera chispa de la Revolución mexicana (el movimiento de Valladolid en 1910): estudio históricritico. Esta narración se presenta como un ejercicio historiográfico que revela la verdad sobre aquellos acontecimientos, lo cierto es que se trató de un ocultamiento de responsabilidades y un lavado de cara a la facción política que los promovió. El libro omitió varios detalles, creó una línea argumentativa que llevó a sus lectores a concluir que el motín de Valladolid fue el primer antecedente de la Revolución mexicana.

En la introducción a su libro, Menéndez escribió que si su trabajo “llega a ser digno de llenar el vacío histórico que pretendemos, será la mejor y más preciada recompensa a que podamos aspirar”, ni el mismo pudo imaginar el impacto que tendría: fundó el mito de la primera chispa, le retiro el cariz conservador a Delio Moreno Cantón y, paradójicamente, Carlos R. Menéndez se aseguró un lugar privilegiado en el panteón de los historiadores de la Revolución yucateca, aunque es bien sabida la animadversión que le tuvo.

Así, de la mano del conservadurismo opositor al molinismo surgió “La primera chispa de la Revolución mexicana”.

  • Revista de la Revolución en Yucatán, año 1, número 1. Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán.
  • Wells, Allen y Gilbert M. Joseph. “Rivalidad económica e inquietud rural a fines del Porfiriato”, en Sergio Quezada, Jorge I. Castillo Canché, e Inés Ortiz Yam (edit.) Historia general de Yucatán, vol. 4, Mérida: Universidad Autónoma de Yucatán, 2014.
  • Wells, Allen y Gilbert M. Joseph. “El ‘porfiriato prolongado:’ La resistencia popular y de las élites, 1910-1915”, en Sergio Quezada, Jorge I. Castillo Canché, e Inés Ortiz Yam (edit.) Historia general de Yucatán, vol. 4, Mérida: Universidad Autónoma de Yucatán, 2014.
  • Wells, Allen y Gilbert M. Joseph. Verano de descontento, épocas de trastorno: élites políticas e insurgencia rural en Yucatán, 1876-1915.Mérida: Universidad Autónoma de Yucatán, 2011.
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