Sobre la historia de Santa Gertrudis Copó (I)

Las historias de las haciendas que hoy forman parte del área metropolitana de Mérida aún están por escribirse.

Santa Gertrudis Copó, ex hacienda ubicada al norte de la ciudad de Mérida es una de estas. Las referencias más tempranas a esta localidad datan de la última década del siglo XVIII. Para 1796 el dueño era Francisco del Pino y Sosa, comerciante meridano y perteneciente a aquel sector de la sociedad colonial con la capacidad para establecer una empresa agrícola. Resalta el hecho que desde aquellos años ya se reportaba la existencia de un establecimiento anexo a Santa Gertrudis, llamado “Xkomal”, el cual también era propiedad de del Pino y que el topónimo de Copó también era escrito como “Ticopó”. La mayoría de las haciendas ganaderas para esta época se habían establecido cerca de Mérida, en un radio de aproximadamente 80 kilómetros alrededor de la capital de la provincia.

Santa Gertrudis Copó, enero de 2021.

Casi medio siglo después, en 1853, el dueño era José Policarpo Molina, quién provenía de una familia de la élite rural yucateca que se había afincado a mediados del siglo XIX en Bolonchenticul, en el actual estado de Campeche. Su padre, Julián Molina había sido un fiel seguidor de las ideas liberales, integrante de la milicia urbana y además poseía un rancho cañero llamado Kaxeil y posteriormente adquirió por un breve tiempo la finca de San Antonio Yaxché. Sus hijos también eran propietarios de haciendas. José Policarpo desde joven se fue a vivir a Mérida, aunque sin perder los vínculos con su familia en los Chenes y cuando murió, poseía un par de haciendas en el noroeste yucateco. Entre estas destacaban Maxal, Kankirixché, Multuncuc que había comprado a Faustino Molina, además de Santa Gertrudis Copó y su anexa Komat. En el inventario de sus bienes resalta que ya había un número importante de “sirvientes” (término con el que solía referirse a los trabajadores endeudados) viviendo en la hacienda y cuya deuda ascendía en 1870 a 2,500 pesos, representando el 25 % del valor inventariado de la hacienda. Según el inventario a mediados del siglo XIX el ganado era la actividad que dejaba mayores ganancias a Molina, seguido de la producción de miel; aunque en la hacienda se seguía cultivando maíz solía hacerse de una forma más reducida.

Al momento de morir, en 1853, Policarpo Molina dependía para vivir de sus haciendas y de una tienda, lo que los situaban a él y a su padre dentro de los propietarios medianos, caracterizados por ejercer su poder en el área rural, marcar su superioridad sobre los trabajadores mayas que componían la fuerza de trabajo de sus haciendas y hacer valer sus derechos sobre la tierra. No fue sino hasta 1870, en los albores del auge henequenero, cuando se repartieron los bienes de Policarpo Molina ya que al momento de su muerte sus hijos eran pequeños. El auge henequenero iniciaría una nueva etapa en la historia de la hasta entonces hacienda ganadera de Santa Gertrudis Copó y su anexa Komat.

REFERENCIAS:

  • Machuca Gallegos, Laura. 2011. Los hacendados de Yucatán, 1785-1847. Distrito Federal, México: CIESAS.
  • Piña Antuna, Alejandro de Jesús. 2016. «Economía, política y sociedad en la región Centro Occidental de la Península de Yucatán, 1838-1859». Maestría en Historia, Mérida, Yucatán: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.

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